sábado, 22 de mayo de 2010

EL ARBOL SE CONOCE POR SUS FRUTOS

“EL ÁRBOL SE CONOCE POR SUS FRUTOS”

Dice Jesús: “el árbol se conoce por los frutos” con este verso del maestro de Nazaret, se abre el espacio para exponer a modo de ensayo algunos elementos que tienen que ver con la pedagogía contemporanea.
Sin pretender hacer una homilía, se puede explicar el verso de Lucas 6,44, argumentando que Dios quiere personas comprometidas con el anuncio del Evangelio, para ello es importante tener en cuenta dos factores: el testimonio de vida y la predicación; aquel que no de buenos frutos es un mal testigo. Ahora bien, un excelente maestro es aquel que vive coherentemente y enseña con dedicación a sus estudiantes.
Es evidente que en la actualidad existen muchos docentes que hacen un trabajo de pedagogía tradicional, pues hacen de sus aulas de clase un espacio catedrático donde él es quien tiene la supremacía del conocimiento y el estudiante es un simple receptor de conceptos que deben ser evaluados para comprobar el nivel de conocimiento que el discente desarrolla.
Con este estilo tradicionalista el docente incita a nivel muy ínfimo el pensar y tener una mentalidad científica; no se logra ver en el estudiante un gran deseo de investigación pues el profesor es quien le aporta todos los conocimientos; igualmente se aprecia poca creatividad, tanto el docente como el estudiante son poco recursivos haciendo de las clases un dictar y escribir cayendo por tanto en la monotonía; también se aprecia una gran distancia entre el docente y el estudiante, falta afecto, cercanía, empatía, no se logra ver la amistad y la confianza que debe haber entre un facilitador y sus aprendices.
¿Cómo lograr que las aulas de clases se conviertan en un espacio donde el docente y el estudiante se dejen descubrir por un conocimiento que debe ser amado y valorado? Para responder el interrogante se debe admitir que el docente del siglo XXI debe asumir que se está en una época donde el modo de enseñar debe cambiar, de lo contrario se estaría formando personas con pocas posibilidades de entrar activamente en el entramado social de la época.
De lo anterior se pueden hacer las siguientes afirmaciones:
• Es importante que el docente aprenda a AMAR; amar tanto su profesión como su servicio. Para ello el docente debe gestar en su ser individual una persona con principios éticos y humanos que le permitan identificarse como un ser humano que irradia ternura, compromiso, entrega, pasión por el conocimiento, deseoso de ver una sociedad nueva con seres humanos gestores del desarrollo integral de todas las gentes. Un docente que esté cerca del estudiante brindándole confianza y la posibilidad de una amistad que enseña valores como el respeto, la responsabilidad, y la entrega por el conocimiento.
Se necesita un docente lleno de amor por la vida, para que el estudiante vea en su facilitador un ser humano que valora la vida, la cuida, la respeta y espera que la humanidad haga también lo mismo.
• Se requiere un docente capaz de dirigir aprendizajes, que estimulen la adquisición de nuevos estilos de vida, a través de la adquisición de nuevos conocimientos, habilidades y actitudes.
El maestro ha de ser un experto en los procesos de entender conceptos para hacer de la ciencia una enseñanza agradable en atención a formar la identidad pluridimensional del ser.
• Los facilitadores deben generar espacios donde se ofrezcan oportunidades para desarrollar las facultades del pensamiento, visto así se contribuiría a fomentar una cultura que comprenda que el comportamiento humano depende en gran medida del pensamiento, pues ante la complejidad de este la educación como sistema se encarga de promover y contribuir al desarrollo humano.
Los docentes no son los protagonistas numero uno del conocimiento, ellos son acompañantes de un proceso de enseñanza en el que también aprenden, investigan, producen conocimiento, teniendo en cuenta que su misión esencial es desarrollar el intelecto del ser humano teniendo en cuenta las etapas por las que pasa el ser humano
• Es necesario un docente que conozca y utilice en su que hacer pedagógico las NTIC, pues asumiendo que se está en el mundo de la imagen, los discentes se sienten atraídos por una clase donde su facilitador presente con creatividad sus conocimientos, de seguro el estudiante se estimulara a asociarse a esas herramientas tecnológicas, como también a pensar creativamente lo estudiado.
En suma todo facilitador debe ser un virtuoso por excelencia, pues su vida es un ejemplo de conocimiento para toda la comunidad educativa. El docente es en nuestra época el gestor de una sociedad donde hace falta seres humanos que tengan alto sentido de responsabilidad y de amor por la sabiduría.
Así como un árbol se conoce por los frutos, también se conoce al maestro por la clase de estudiantes que el educa. Se espera que en el transcurso del siglo XXI los docentes como “arboles” den la talla de asumir nuevas estrategias educativas para darle al mundo esos “frutos” que con su exquisitez son los hombres de ciencia y de desarrollo integral en nuestros pueblos.

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